domingo, 24 de marzo de 2013

AEMET: Historia de una cobardía.


No permitiré que este asunto se agote en el tiempo. Ni dejaré que a nadie de los que han sufrido y están sufriendo por las actuaciones de AEMET les consuma el olvido. Por eso regreso a mi cita semanal, otra vez en disposición de traer más testimonios sobre las actuaciones de Aemet, en una situación que afecta gravemente a seres humanos; según tengo entendido, son unos seis o siete funcionarios los que están siendo maltratados por encontrarse en situación parecida o igual a la de mi madre.

Ya hemos visto hasta dónde es capaz de llegar AEMET: un hombre ha muerto mientras estaba siendo presionado salvajemente por la Agencia; ello no les ha hecho frenar sus actuaciones lo más mínimo; es más, parece que su prepotencia y soberbia les lleva a ser más osados, para actuar al margen de los derechos humanos y de todas aquellas consideraciones que obligatoriamente han de tenerse hacia todo ser humano. Aún hay más: no aprenden y los que ascienden se suman y parecen regodearse, como es el caso del Delegado de AEMET en Cantabria, José Luís Arteche. Hoy voy a publicar una carta suya que se ha recibido en esta casa: una perla solidaria, que rezuma humanidad y comprensión. (Link a la Carta de Arteche).

Jose Luis Arteche, Delegado Territorial de AEMET en Cantabria

Esta gente de AEMET actúa ajena a los valores morales. Una enfermedad -como la de Luis Pizarro y la de mi madre, no conozco los otros casos- escapa por completo a los intereses de ambas partes, tanto de los afectados como los de AEMET, por mucho que se empeñen estos últimos en negarlo. Y la presión brutal que ejerce la Agencia sobre ellos ha crecido hasta el punto que estamos viendo, incluido el fatal desenlace de Huelva: hacen uso de la coerción -me quedo muy corta con el término-, y del desorden argumental para embrollar; incluso llegan a simular que no entienden escritos, para desviar la atención y para justificar una nueva negativa. AEMET lleva a cabo una guerra de desgaste, que no es legítima porque no hay enemigo al que batir: actúan contra seres humanos caídos, con la pretensión de eliminarlos de una forma muy sucia. Una acto de cobardía en toda regla, dado el desequilibrio de fuerzas.

Para el lector que no lo sepa, AEMET pertenece al Ministerio español de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente.
He consultado con otras instituciones, Delegación del Gobierno, Hacienda, Muface, quienes al tener conocimiento de la situación de mi madre se han echado las manos a la cabeza, diciendo -cito textualmente-, “eso no es posible”, “eso no existe”, “hay un limbo legislativo”, ·vacío legal”, etc.: o como dijeron en la Delegación, “nosotros nunca hacemos esto”.

De aquí se pueden observar un par de cosas, que se me ocurren:
Una: en la Administración, a veces se sustituye la ley (o su ausencia) por un acuerdo que, en casos como éste, trataría de no causar un mal mayor. Las leyes no son perfectas y no siempre son justas; es comprensible actuar del modo menos dañino, por razones humanitarias o sin solución inmediata. Es decir, se aporta una solución. Esto lo comprende cualquiera.

Dos: los directivos de AEMET actúan de forma diferente a los demás organismos, incluso desatendiendo la ley, por medio de una actuación consciente, meditada y prolongada en el tiempo. No ofrecen solución, excepto una imposible de realizar. En definitiva: originan un problema diseñado para eludir la solución. Esto, sólo lo entienden ellos.

En la carta que firma José Luis Arteche se ve muy claramente: alude a un documento fechado en 2010, el cual ha quedado superado y anulado por varios documentos de fecha posterior, en concreto, el último, la resolución del Expediente Disciplinario. Esta breve carta de Arteche no se le ha ocurrido a él solito, viene dictada desde arriba y, él, como tiene mucho apego a su sillón, obedece ciegamente. Al margen de su grosera y estrambótica contestación, fijémonos en lo que dice entre paréntesis: “tendría que haberse incorporado ya”... ¿Ven? ¡Exige un imposible! Y tanto Arteche como la cúpula de AEMET lo saben. ¿Ven la fecha de la carta? Es posterior a la de la Resolución del Expediente Disciplinario, que el Delegado conoce porque le hago llegar una copia todos los meses y con los razonamientos correspondientes. José Luís Arteche actúa conscientemente, sabe lo que hace.

Como demostré en otro post, la afirmación de que mi madre no se ha incorporado a su puesto de trabajo es falsa, siendo testigo de ello el señor Jorge Arconada, que la recibió en el aeropuerto, y un parte de Urgencias que lo acredita.
Ahora, supongamos que ella se presenta en su puesto de trabajo; ¿qué puede pasar? ¿Que habrá que llamar de nuevo a una ambulancia y vuelta a Urgencias? (ha pasado ya dos veces). ¿Y al día siguiente, lo mismo, vuelta al puesto de trabajo y otra vez en ambulancia? ¿Y así todos los días? ¿O quizá en una de ésas, o desde la primera vez, se podría quedar en el sitio? Si sucediese esto último, ¿cómo se quedaría usted señor Arteche? ¿Podría vivir con ello después, o prefiere que no se incorpore, por si acaso...? ¿Su exigencia es un trámite más de esta política de acoso? Y, además, ¿para qué? ¿Con qué fin habría de hacerlo mi madre? Con la Resolución, AEMET ha quedado sin respaldo, desacredita sus argumentos por completo. Saben que lo que piden es un imposible y utilizan la exigencia como base para justificar sus asquerosos escritos; quieren dilatar lo más posible este asunto con el propósito de destruir la voluntad de las víctimas. Señor Presidente de AEMET: este asunto se les ha desbordado; por eso dicen ahora tantas tonterías; cuidado, tonterías muy dañinas y muy peligrosas, que ya le están rebotando.

No insistan más. Dejen ya de maltratarla. Toda la familia de mi madre en pleno nos oponemos rotundamente a que acuda a su puesto de trabajo porque la queremos; y, además, está amparada legalmente. Ofrecer un imposible no tiene sentido: lo que exige usted, señor Arteche, no conduce a nada bueno ni para ella ni para usted.
Aunque, como he visto, para AEMET, un desenlace fatal como el de Luís significa... migajas de pan en el mar. Para ustedes es más fácil hacer uso de la fuerza que pensar. ¿Para esto se les paga un sueldazo?

Daniel Cano Villaverde, Presidente de AEMET

En definitiva: presenciamos una historia orquestada por la cobardía de unos cuantos, en una especie de refriega desigual donde las armas y el escudo definen la posición de superioridad y control: saborear el poder, su máxima aspiración. Y no quiere decir que puedan o deban actuar como lo hacen, ni siquiera que tengan razón, sino que cada uno de ellos actúa por imperativos que escapan al bien; y forman un núcleo donde reina un desconocimiento abrumador; casi aterrador, porque estamos en sus manos.

Señores Daniel Cano Villaverde, José Luis Arteche y compañía: su falta de Compasión les señala, les define y les acusa directamente de lo que son.


Helena

(Las fotografías proceden Google Imágenes y están completamente accesibles).

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